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Crianza Consciente

Crianza Consciente

Este es un tema apasionante y sumamente importante en la vida de cualquier persona, ya que prácticamente todo el mundo tiene a lo largo de su vida contacto con algún niño o niña.

Recibe múltiples denominaciones: maternidad/paternidad consciente, crianza con apego, crianza consciente, disciplina positiva, educación respetuosa, slow parenting, paternidad responsable…

Afortunadamente vivimos en la era de la información y por eso los padres de hoy en día no tenemos excusa para no ser mejores padres. Hoy en día, los avances de la psicoterapia y de la neurociencia ponen luz y ayudan a entender cómo es el cerebro del niño en cada etapa, cómo funciona su psique y qué consecuencias tendrán las experiencias que viven hoy en el adulto que serán mañana.

Consiste en una crianza o educación basada en el respeto al niño en cada una de sus etapas, acompañándole para que pueda disfrutar de cada período, librándoles también del estrés y la exigencia a los que normalmente les tenemos sometidos la sociedad en general. Cuidamos además el tiempo que estamos con ellos, regalándoles “presencia”, atención plena y promovemos sentimientos de aceptación total y amor incondicional: “te quiero tal cual eres”, “eres maravillosa” suelo pensar yo muchas veces cuando abrazo a mi hija, e intento sentir esta frase en mi corazón.

LAS NECESIDADES BÁSICAS DEL NIÑO

Para empezar es fundamental entender que los niños tienen unas necesidades básicas, que tienen presentes en todo momento, y que rigen su mundo.

  • Necesidades fisiológicas (alimento, refugio, contacto y apego en el caso de los bebés).
  • Sentirse protegidos. El miedo o la falta de comprensión de lo que sucede a su alrededor suele ser causa de muchos comportamientos rebeldes de nuestros hijos.
  • Poder moverse y desarrollarse en libertad.
  • Amor y pertenencia, sentirse amados, tenidos en cuenta, aceptados y pertenecientes a un grupo y a una familia.
  • Necesidad de respeto y sentirse valorados por quienes son. Aquí incluyo la buena comunicación con ellos, el hecho de explicarles las cosas que ocurren,(en su lenguaje y de forma natural, sin dramatismos).
  • Necesidad de poder crecer y evolucionar a todos los niveles. Tener oportunidades para conocer, experimentar…
  • Necesidad de conectar con los demás. Esto nos hace sentir la pertenencia y la propia valía.
  • Necesidad de sentir confianza en ellos. Esto va unido al respeto. Te quiero y confío en ti. De esta manera les damos la oportunidad de que vayan haciendo cosas por sí mismos y vayan conquistando su propia autonomía y capacidad de decisión.

Como se ve, todo esto lo tenemos que proporcionar los padres. ¿A que nunca pensaste en todo esto antes de tener un hijo?

No nos quedamos con lo que hace el niño y si es o no correcto, sino que vamos a por qué lo hace. Nos hacemos preguntas. ¿Qué necesidad no tiene satisfecha en este momento para portarse así? Como dice Yvonne Laborda: “Los niños siempre tienen un motivo valido para hacer lo que hacen aunque no siempre nos gusten sus reacciones ni sepamos su causa. Cuando un niño se siente mal automáticamente se “porta mal”. Si su estado emocional mejora (se siente bien), su comportamiento también mejora. Generalmente, cuando “se pasan” es porque no tienen mejores herramientas. Pensemos qué podemos hacer para ayudarles a canalizar mejor lo que sienten en vez de pensar que hay algo en ellos que no va bien.”

LA HERENCIA RECIBIDA

Creo que también es bueno reflexionar de dónde venimos, analizar cómo fueron con nosotros nuestros padres. En este ejercicio nos damos cuenta de cuán parecidos somos en muchas cosas en nuestra relación con nuestros hijos. ¿Podemos huir de la herencia, de la costumbre, de lo aprendido? Claro que sí!! Entregamos esa herencia, renunciamos a ella con amor, agradeciendo a nuestros padres de corazón todo lo que hicieron por nosotros, aunque haya cosas con las que no estemos de acuerdo. Hicieron lo que pudieron, y sobre todo, lo que sabían.

Pero no se trata de huir porque sí y hacer completamente lo contrario. Se dice que hemos pasado de un extremo al otro, que antes eran muy estrictos y ahora somos muy permisivos, de ahí el término hiperpaternidad. A mí me parece que hay que hacer las cosas con conciencia, llevando las riendas nosotros de cómo queremos educar. Por supuesto que no siempre la cosa “sale” como tienes en mente y en ocasiones pierdes los estribos y explotas reaccionando como seguramente hicieron contigo de pequeño. Lo bueno es “darse cuenta” y proponerse reaccionar mejor la próxima vez.

LO QUE ME PASA POR DENTRO

Un padre consciente, como la misma palabra dice, ha de saber en cada momento lo que le pasa por dentro. Utilizar la herramienta mindful del “observador” para escanear qué pasa por su cuerpo y por su mente ante cualquier reacción, comportamiento o situación que viva el niño.

Los niños detectan nuestra energía, nuestros miedos, y los adoptan. Además copian nuestras conductas y reacciones.

Además hay que estar pendientes de nuestras proyecciones, de nuestras expectativas respecto a los hijos, nuestros deseos insatisfechos que queremos que ellos cumplan a toda costa, etc.

Ellos han de ser libres y han de averiguar qué han venido a hacer a este mundo. Debemos ayudarles a descubrirlo, ofreciéndoles la oportunidad de vivir todo tipo de experiencias pero sin encaminarles ni presionarles.

Siempre digo la frase: “para sanar al hijo hay que tratar al padre”. Empecemos por nosotros mismos, revisando nuestras creencias, patrones mentales, proyecciones, expectativas y diseñemos un modelo a seguir, sabiendo que no es sencillo y que nos equivocaremos muchas veces. Revisemos nuestra infancia, nuestras heridas allí recibidas y pongamos luz y sentido a todo eso, si es necesario con ayuda de un psicoterapeuta. Es lo mejor que podemos hacer por nosotros mismos y por nuestros hijos. No les condenemos a ser una copia ni les dejemos solos a la deriva. Nuestra responsabilidad como padres es esa.

Es muy aconsejable leer sobre el tema y acudir a charlas o escuelas de padres.

CONCLUSIÓN

Ser padre o educador es un ejercicio continuo de “ver” viejos patrones adquiridos que saltan automáticamente y “decidir” actuar así o de otra manera más adecuada. Es maravilloso poder saber qué puede necesitar nuestro hijo para así mirarlo con otros ojos, ponernos en su lugar y utilizar otros recursos para ayudarle a gestionar lo que le sucede.

No es tarea sencilla, pero yo prefiero estar en este camino y participar de la crianza de mi hija. Soy tan consciente de la importancia de la infancia en la vida de una persona que ya no puedo mirar hacia otro lado. Mi compromiso es total. Pero no sólo para que mi hija consiga ser un ser humano completo y maravilloso sino también por mi propio desarrollo.

Los hijos, al igual que la pareja, son maravillosos espejos donde poder mirarnos para vernos de verdad y crecer. La crianza consciente va por ese camino, un sendero de crecimiento conjunto y lleno de presencia y amor incondicional.

Ilustración de Lindy Longhurst

Ana Núñez Morán

Un pensamiento en “Crianza Consciente

Marisa Teresa FenollosaEscrito en  9:39 pm - Sep 21, 2017

Gracias

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